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Houda Akrikez: “El corte de suministro en la Cañada Real es un ataque de género directo”

Houda Akrikez, presidenta de la Asociación Tabadol y mediadora cultural, es de una de las personas más visibles y más luchadoras contra el desmantelamiento de la Cañada Real en Madrid. Hace unos días, lideró una marcha hasta su barrio en la que participaron unas 3.000 personas.

MªÁNGELES FERNÁNDEZ

El espacio de conversación es acogedor. Luz tenue. Cómodos y coloridos sofás. Mesitas auxiliares. La conversación es amplia, pausada, tranquila. Llena de matices y contexto. Durante una entrevista con púbico en La Sinsorga (Bilbao), Houda Akrikez no pierde la sonrisa para hablar de cómo viven en la Cañada Real sin luz desde octubre de 2020. “Al final las luchas, si no las tomas con alegría, te acabas muriendo”, comparte.

El contexto de las imágenes que acompañan este texto es otro: una gran marcha de unas 3.000 personas desde el barrio madrileño de Vallecas hasta el sector seis de la Cañada Real, el barrio de Akikrez, para denunciar la situación de acoso que vive este vecindario, amenazado con desalojos y derrumbes de casas. La falta de acceso a la electricidad alumbra un proceso de expulsión. Entre vecinas, diversas asociaciones, colectivos y medios, Houda Akrikez defiende, altavoz en mano y entrega profunda, el derecho a la vivienda y al territorio durante los más de tres kilómetros de recorrido, gran parte por un camino de barro y tierra. “Cañada se queda, con o sin luz. Más derechos, menos excavadoras. No es un realojo, es un desalojo. Cañada no es un poblado, es un barrio”, son algunas de las proclamas que lanza incansablemente, atenta a todo, atenta a todas. Verla es entender qué significa eso de poner el cuerpo.

Organizada por la Asociación Tabadol, de la que Akrikez es presidenta, la marcha celebrada el 31 de enero atraviesa un significativo camino: parte del metro de Valdecarros, en el ensanche de Vallecas, una nueva zona llena de edificios recién desembalados y con algunos horizontes aún libres, amplias avenidas con poco tráfico y calles con vallas que indican su final; continúa por una carretera extraña que se abandona para coger un camino lleno de barro, de subidas y bajadas, que pasa por debajo del puente de una autovía y por encima de otro para llegar a una pequeña meseta desde la que se otea el sector seis de la Cañada Real. Desde las nuevas promociones inmobiliarias a un lugar de casas humildes y autoconstruidas. Una única calle de 16 kilómetros de espaldas a las nuevas urbanizaciones, muchas en construcción, que la rodean, una calle ignorada por las instituciones que la asedian.

¿Cómo estáis en la Cañada Real después de cinco años sin luz? Este es solo uno de los problemas que tenéis, porque está habiendo lo que llaman realojos, que nombráis como desalojos.

Es importante poder hablar de esa situación tan crítica en Madrid, en la capital, la región más rica de España, en esto que llaman primer mundo. La Cañada Real es un barrio lineal de 16 kilómetros dividido en seis sectores, pero vamos a hablar del seis, que es el más afectado, el sector más estigmatizado, aislado y abandonado institucionalmente. En estos últimos meses se han recibido más de 20 cartas de desalojo forzoso de nuestras viviendas; en la carta hablan de realojos, pero para nosotras son desalojos porque automáticamente te dicen que no tienes derecho a tener una vivienda social porque no cumples unos requisitos. Nuestra lucha es por el territorio, por nuestras viviendas. La Cañada Real es un barrio autoconstruido y lo que quieren hacer con nosotras es desalojarnos para que sigan produciendo viviendas de lujo y para que Madrid siga creciendo; porque no tiene manera de crecer que no sea hacia el sureste. Esto tiene que ver con unos intereses urbanísticos bastante importantes. El corte de suministro tiene que ver con todo eso. ¿Cómo estamos después de cinco años? La pregunta debería de ser cómo estamos después de décadas de lucha. Porque siempre nos ven como una amenaza y siempre estamos amenazadas. Nuestra lucha es una lucha legítima por una vivienda digna y por lo que es nuestro, que es el territorio.

“Quieren desalojar la Cañada Real para construir viviendas de lujo. Nuestra lucha es por el territorio”

Por vivir allí.

Nuestra lucha es por el territorio y el territorio es la Cañada Real; es nuestra identidad. Yo he llegado a Cañada Real como una niña de ocho años y he tenido a mis hijas en Cañada Real, es un arraigo bastante importante. Estamos hablando de un barrio que tiene 60 años de vida, que nace mucho antes que todas las urbanizaciones nuevas que han salido ahora. Y lo que quieren es desalojarnos para que siga creciendo y sigan construyendo pisos de lujo y seguir vendiendo y eso es lo que no queremos permitir. ¿Por qué no podemos tener nuestras viviendas legalizadas? ¿Cuál es el problema de no tenerlas si las construcciones del sureste siguen llegando hacia nosotras? Hay una evidencia muy clara que el dinero es el que manda y el terreno de la Cañada Real es un terreno muy jugoso y lo que quieren es hacerse con él. Les da igual los derechos humanos.

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Fuente: Pikara Magazine