Skip links

Abusos sexuales en la infancia: de romper el tabú a formarse en intervención

JUNE FERNÁNDEZ

Cuando escribió la novela Ez erran inori (no se lo digas a nadie),  Maddi Ane Txoperena era consciente de que su obra tendría un impacto social y político, pero su motivación era fundamentalmente personal y artística: «Necesitaba hacer algo con este tema, sacarlo a la luz a través de la literatura».

De hecho, en la literatura vasca sólo conocía un par de referencias que reflejasen lo que le tocó vivir de niña: Haur besoetakoa de Jon Mirande y Kamisoi zuri zetazkoa de Alaine Agirre.

La obra de Txoperena tuvo buena acogida y, entre otras cosas, se leyó el libro que fue invitado a los centros escolares para mantener un coloquio con los alumnos de Bachillerato. «Vi que había un déficit a la hora de trabajar este tema en todos los ámbitos: medios de comunicación, educación, sanidad… No sabemos a quién llamar para dar una conferencia y nos faltan herramientas. Yo soy escritor, no experto. He canalizado mi vivencia personal a través de la creación. Yo quiero hablar del libro, de la literatura, y muchas veces lo que me piden es que hablemos al tema buzu «.

Él me hizo un gran vacío para poder entender su propia experiencia, ya que en su adolescencia no tenía a mano un No digas igual a nadie. Poco a poco han ido apareciendo más asideros, así como en la literatura infantil, cómo Mi cuerpo es mío o la bicicleta de Lola. En su caso el hito fue leer el libro Poesía de la filósofa y escritora Susana Minguel, no sólo para encontrar palabras y discurso, sino para ver cómo el dolor podía derivarse hacia la creación.

Ez erran inori se publicó en 2022. Txoperena asegura que no es casual que Me too se haya escrito después de la ola: «La fuerza del movimiento feminista ha facilitado que cada vez se denuncie públicamente diferentes tipos de agresiones». El escritor sitúa el abuso sexual infantil en el ámbito de las violencias machistas, teniendo en cuenta que según los estudios el 90% de los agresores son hombres, y la mayoría padres o familiares cercanos de las víctimas. «En este tema tocamos la institución potente del patriarcado, la familia, que no queremos cuestionar. ¿Qué vamos a hacer con todos esos padres agresores? » En este sentido, otro hito fue que Bilgune Feminista dedicase la campaña del 25 de Noviembre de 2016 a desgranar las raíces y la impunidad de la violencia patriarcal contra la infancia.

La supervivencia de los abusos sexuales en la infancia tiene un protagonismo fundamental en la transgresión del tabú, y de su mano los análisis de fondo han madurado en los medios de comunicación vascos. Maitane Urizar, miembro de la asociación Gure Sarea, dio un contexto riguroso a los testimonios recogidos en el programa Ur Handitanen (de víctimas y expertos). En 2025 Urizar impartió formación sobre abusos sexuales en la Escuela Feminista Rote Zora de La Sinsorga.

En aguas altas explicó que es muy difícil prevenir los abusos sexuales, especialmente los intrafamiliares: «La apuesta debe ser la detección precoz y la buena actuación, crear una red de protección y sentir que se han creído a esa persona victimizada, explicar que no ha sido culpa suya». Señaló una carencia en el ámbito de la justicia: cuentan con pruebas que deben corroborar el testimonio de los niños para condenar a los jueces, pero «se toman como propios de una parte los informes de peritos, forenses, profesionales del ámbito sanitario o educativo o del personal de servicios sociales», es decir, a favor del denunciante y no como evidencia detectada en la red pública. Esta tendencia es decepcionante para los profesionales, sentiría que no vale la pena participar en un proceso tan duro. «Por eso es muy importante proteger a esos profesionales que dan la cara», ha añadido.

El modelo Barnhaus 

Otra línea pendiente es la incorporación al nuestro del modelo Barnhaus que se está extendiendo a nivel internacional, diseñado para evitar la revictimización que pueden vivir los niños en el proceso de denuncia. «En este modelo el niño no debe ir a los tribunales, sino que los operadores jurídicos irán a un espacio amigable creado específicamente», destaca Gema Varona, investigadora de victimología que hemos conocido en reportajes anteriores. En esta casa decorada para niños, la entrevista al niño será realizada por profesionales expertos en victimología, que lo grabarán y, de esta forma, no tendrá que acudir al juicio.

Sin embargo, el problema no es solo ir al juzgado. Según una infografía creada por Save the children para dar a conocer el modelo Barnahus, un niño que declare sufrir abusos sexuales podría pasar tres años para seguir adelante con la denuncia, durante los cuales habrá contado su historia a ocho profesionales de cuatro campos diferentes: profesor, trabajador social, médico, psicólogo, perito, juez…

La oficina de Save the children en Navarra ha analizado en un informe el itinerario de atención de las instituciones navarras a niños y niñas víctimas de violencia sexual y ha desarrollado una propuesta para implantar el modelo Barnahus. Subrayan que no existe un registro común de esta violencia en la comunidad, por lo que no se sabe con exactitud cuántos casos se detectan ni cuáles son sus características. «Los datos disponibles ofrecen una panorámica fragmentada, parcial y confusa. (…) La falta de datos oficiales ayuda a mantener el secretismo y dificulta la orientación de los medios para tratar este grave problema «, señalan.

Los profesionales de la red pública están obligados a denunciar la violencia contra la infancia en el Estado español. Sin embargo, Save the children de Navarra advierte de que para garantizar esta obligación es imprescindible formar a los profesionales, y que esta carencia es uno de los problemas más graves en este campo.

Buen protocolo pero pocos recursos

La falta de formación nos la corrobora la secretaría feminista del sindicato Steilas. Nos explican que desde 2024 existe un protocolo muy exhaustivo y específico para garantizar el bienestar de los niños y niñas que incluye la prevención de los abusos sexuales, adaptado a las nuevas leyes nacionales y comunitarias. Los nuevos directores de centros deben recibir formación al respecto, pero no parece que la reciban los nombrados antes de 2024. En cuanto a los claustros, tienen la posibilidad de decidir si incluyen o no esta formación en el plan del centro. Otra medida novedosa es la creación de la figura del responsable de convivencia en cada centro, que tampoco recibe formación obligatoria sobre abusos sexuales. Asimismo, Steilas ha criticado la falta de psicólogos en las escuelas públicas y la necesidad de que las figuras de asesores se formen por su cuenta en este tema.

Si el agresor es miembro de la comunidad educativa, será más fácil apartar al niño de ella, aplicar medidas de protección y (si es trabajador) notificar a la inspección para que abra expediente. Aunque no se demuestren los abusos, se dará continuidad al caso.

En cambio, en el caso de los abusos extraescolares será especialmente difícil identificar el problema y comunicarlo a la institución correspondiente (ayuntamiento, diputación, fiscal de menores…). Que es muy difícil para los niños identificar que la actuación de estos familiares que tienen que proteger es violencia. El personal de la comunidad educativa debe observar los cambios de conducta que puede haber en el niño, como que no quiere volver a casa o que de repente saca malas notas. Por el contrario, según el informe de Save the children, entre el 20 y el 30% de las víctimas no presentan síntomas de malestar; en muchas ocasiones los síntomas aparecen después, cuando han pasado meses o años de incluso. Además, la organización critica la tendencia de que, aunque los abusos sexuales se dan en todos los niveles sociales y económicos, las alarmas se enciendan más fácilmente con niños en situación de desprotección estructural, como los que llegan sin ducharse o mal alimentados.

Si la trabajadora educativa sospecha que un alumno o alumna sufre abusos sexuales, además de enviar un aviso a las instituciones correspondientes, deberá enfrentarse a la familia. Cuando el caso sea extremo entrará en escena la policía, pero en el resto será la familia la que tenga que autorizar la observación directa, y si niega esta posibilidad se alargará el proceso hasta que haya posibilidad de imponer alguna medida. En consecuencia, como comentaba Urizar, «será un gran riesgo para los funcionarios dar la cara y muchas veces no conseguirán intervenir».

Rememorar la revolución dada en el marco de la Iglesia católica puede ser una vía para no quedar enquistada en el pesimismo. En su reportaje, Gema Varona destacó que en Australia se ha extendido la actividad de estas comisiones a otras estructuras que trabajan con niños, como grupos deportivos y de ocio. Maddi Ane Txoperena ha señalado que es un gran paso adelante «mencionar la importancia de este tema en la sociedad vasca, darle centralidad al tema y darles respuestas y herramientas colectivas como problema social». Añade la siguiente petición: Al igual que se ha hecho en el ámbito eclesiástico, en los otros ámbitos también se mide el impacto y las consecuencias sufridas por las personas que han sufrido abusos sexuales durante la infancia: «Cada uno hace con ello lo que puede: si tengo que trabajar el trauma que me ha dejado, yo tendré que ir el de psicólogo; no hay instituciones públicas que asuman ese daño».

Pau Lluc i Pérez, superviviente de los abusos sexuales en la infancia y preparador en este tema, ha recordado en un artículo para Pikara Magazine que la lucha contra la violencia sexual en la infancia y la adolescencia no sólo concierne a las víctimas, a las asociaciones de víctimas o a los investigadores, sino a toda la sociedad: “Hablad en vuestros círculos familiares, de amistades, vecinales, asociativos o de trabajo. Si tenéis un altavoz, usadlo. Organizad charlas, mesas de debate o jornadas de sensibilización. Poned vuestro arte al servicio de la protección de la infancia y la adolescencia. Escribid un poema, una canción, pintad un mural o grabar un documental. Compartid este artículo. U otro. Haced cómo podáis, queráis o sepáis. Pero haced algo. Por la criatura que fuisteis, por las que crecen a vuestro alrededor, por las niñas y los niños del mañana”. 

Un proyecto de La Sinsorga con financiación de Emakunde.