
MARÍA DE MAEZTU FUE UNA DE LAS PRIMERAS PEDAGOGAS VASCAS QUE DEDICÓ SU VIDA A LA EDUCACIÓN DE LAS MUJERES, OFRECIÉNDOLES FORMACIÓN INTELECTUAL PARA GARANTIZARLES UNA PARTICIPACIÓN IGUALITARIA EN LA SOCIEDAD DE SU ÉPOCA. DE CLARAS CONVICCIONES FEMINISTAS, FUE UNA DE LAS PRIMERAS CATEDRÁTICAS Y LA DIRECTORA DE LA RESIDENCIA DE SEÑORITAS QUE REVOLUCIONÓ EL MADRID DE PRINCIPIOS DE SIGLO.
María de Maeztu nació en Vitoria-Gasteiz, el 18 de julio de 1881. Crecida en un entorno privilegiado, María era hija de Juana Whitney, nacida en Niza y miembro de una familia de diplomáticos británicos, y Manuel de Maeztu, hacendado cubano de origen vasco.
La pareja y sus hijos e hijas ( Ramiro, Ángela, Miguel, María y Gustavo) disfrutaban de una situación económica acomodada, hasta que los negocios familiares del padre en el Caribe comenzaron, uno a uno, a quebrar. Esta crisis laboral hizo que el propio Manuel de Maeztu viajase a su Cuba natal para encargarse de sus empresas, dejando a Juana a cargo del hogar y los cuidados.
Mientras tanto, la niña María de Maeztu cursó sus primeros años académicos con muy buenas calificaciones, apoyada siempre por su madre, una mujer abierta con ideas avanzadas para la época. A los 15 años, en 1896, María se matriculó en la Escuela Normal de Maestras de su ciudad, centro en el que dos años después obtuvo el título de maestra.
Una vez terminados los estudios, los Maeztu-Whitney se enfrentaron a su primera gran crisis: Manuel de Maeztu murió de forma repentina en Cuba, quedando su familia en una situación de escasez que hizo que tuviesen que vender la casa de Vitoria-Gasteiz para trasladarse a Bilbao, ciudad industrial y con más posibilidades laborales en la época.
Ya en la capital vizcaína, Juana Whitney comenzó a dar clases de inglés a domicilio, hasta que se animó a montar su propia escuela: la Academia Anglo-Francesa (más tarde, Academia Maeztu), un “colegio de señoritas” que fue creciendo hasta instalar sedes en varias calles de Bilbao. Juana daba clases de inglés, mientras que su hija mayor Ángela enseñaba francés a las niñas. En poco tiempo, el centro comenzó a ser prestigioso y tuvo como alumnas a las hijas de los intelectuales y políticos progresistas de la época, como el dirigente socialista Indalecio Prieto.
En 1902, María de Maeztu obtiene plaza como maestra en Santander y consigue, en poco tiempo, un traslado a Bilbao para juntarse con su familia. Comenzó a dar clases en la academia de su madre, donde enseñaba idiomas y cultura general
Además de ayudar a su madre y su hermana en la academia, María ocupó la plaza de profesora que le fue asignada en la Escuela de Párvulos de Las Cortes. Ubicado en el marginal barrio alto de San Francisco (hoy en día, Bilbao La Vieja), el centro contaba con escasos recursos y pocos profesionales que quisieran trabajar en esas condiciones. María de Maeztu, en cambio, aceptó la vacante y modernizó la escuela en poco tiempo, con la única ayuda de dos maestras mayores que ella. Exigió una cantina, baños para el alumnado y organizó las primeras colonias escolares del centro.
En la escuela de Las Cortes, Maeztu puso en práctica los métodos de la Institución Libre de Enseñanza, un novedoso proyecto pedagógico con sede en Madrid que abogaba por en el aprendizaje activo, la supresión del castigo tradicional, el contacto con el entorno y el acercamiento de las familias a la educación.
Siendo ya directora de la escuela de Las Cortes, siguió decidida a hacer del centro un lugar más habitable, pidió a su hermano Gustavo (pintor costumbrista) que decorase las paredes del edificio con dibujos y poemas. Además, la maestra destinaba una parte de su sueldo a la compra de telas para hacer delantales y material de higiene para regalar a su alumnado.
María de Maeztu cumplió con su labor de hacer de la escuela un lugar cercano, tolerante y seguro, ganándose el respeto y el reconocimiento de las familias del barrio. Tanto es así que se decía que, durante la semana, los burdeles de alrededor (que junto a la minería eran la fuente de ingresos de la zona) suspendían su actividad para no interrumpir las horas de clase de Maeztu. En 1903, la maestra pidió una prórroga para realizar estudios en el extranjero.
Durante la siguiente década, la profesora cursó estudios de Filosofía y Letras como alumna no oficial en la Universidad de Salamanca y se especializó en Filosofía en la Universidad Central (Madrid). Cuando acabó la carrera, fue nombrada profesora numeraria de la Escuela Superior de Maestras de Cádiz, puesto que ocupó durante muy poco tiempo.
Por esta época, su hermano Ramiro de Maeztu, conocido escritor de la generación del 98, le presentó a Miguel de Unamuno y a José Ortega y Gasset. Este último, además, fue profesor de María en la Escuela de Estudios Superiores de Magisterio, llegando a establecer con él un gran vínculo de admiración.
María se acercó a la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, institución que la becó para que conociese los modelos pedagógicos modernos de varios países europeos como Gran Bretaña, Bélgica, Suiza e Italia. Durante esos viajes, visitó escuelas de diversos grados y características, principalmente primarias y femeninas.
Las becas le sirvieron también para perfeccionar su inglés, francés y alemán, idiomas que llego a dominar a la perfección y que le sirvieron para traducir y publicar libros pedagógicos europeos que fue estudiando durante su vida adulta.
En 1915, Maeztu creó, con la ayuda de varias compañeras, el grupo femenino de la Residencia de Estudiantes, que se dio a conocer omo la Residencia de Señoritas, situada en la calle Fortuny de Madrid. Como directora del centro, apoyaba a las mujeres estudiantes y ayudaba a acceder a la Universidad a aquellas jóvenes mayores de 17 años que querían estudiar en Madrid.
La Residencia de Señoritas, que en pocos años pasó a tener más de 300 alumnas, ofrecía a sus huéspedes alojamiento, comida, conferencias, charlas, representaciones teatrales y estudios pedagógicos complementarios. Dada la importancia que tenía para Maeztu que las niñas de familias pobres pudiesen acceder a la educación, la Residencia de Señoritas ofrecía precios especiales y becas para las alumnas que lo necesitaban.
En una de las ampliaciones del centro, María se alió con Susan Huntington, directora del contiguo Instituto Internacional de Madrid, para que la Residencia de Señoritas ocupase parte de su edificio. De esa unión nació una estrecha colaboración entre estudiantes y profesoras españolas y norteamericanas. Compartiendo edificio y recursos, docentes y alumnas intercambiaron sus conocimientos y establecieron una alianza transatlántica que duró años.
Durante la Segunda República, el centro se convirtió en un refugio y lugar de referencia para las mujeres estudiantes de la época. Maeztu logró reunir a un gran número de mujeres que contribuyeron al cambio político en el primer tercio del siglo XX en España. Entre las más destacadas están la poeta Concha Méndez, las abogadas Victoria Kent y Matilde Huici, la diputada republicana Francisca Bohigas, la periodista María Luz Morales, la física Felisa Martín Bravo, la artista Maruja Mallo y la médica Cecilia García de Cosa.
Además de las residentes, mujeres influyentes de todo el mundo se alojaron en la Residencia de Señoritas durante sus estancias en Madrid. Por allí pasaron la poeta chilena Gabriela Mistral, la física y química polaca Marie Curie y la reconocida pedagoga italiana Maria Montessori. Durante las primeras décadas del siglo XX, María de Maeztu fue una de las más reconocidas impulsoras del activismo feminista. Fiel defensora del sufragio universal y del derecho a la educación, fue presidenta de la Federación Española de Mujeres Universitarias y la única mujer vocal de la antes mencionada Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas.
Cuando quedaban tres años para el fin de la dictadura de Primo de Rivera, en 1927, María de Maeztu aceptó su primer cargo político, el de miembro de la Asamblea Nacional. Durante los años treinta, fue vocal del Consejo de Instrucción Pública y miembro del Consejo Nacional de Cultura.
En 1932, Maeztu dio el salto a la universidad, como profesora de la nueva Sección Pedagógica de la Facultad de Filosofía y Letras dela Universidad Central. Cuatro años después, en 1936, la pedagoga fue nombrada catedrática, cargo logrado sólo por Emilia Pardo Bazán veinte años atrás. María de Maeztu nunca llegó a tomar posesión, ya que, a los pocos de estallar la guerra civil, dejó la universidad y la dirección de la Residencia de Señoritas.
Durante el primer año de guerra, su hermano Ramiro, reconocido ideólogo de derechas, militarista, monárquico y tradicionalista fue detenido en Madrid. Dos meses después de ingresar en prisión, fue fusilado en el cementerio de Aravaca.
Tras el fusilamiento de su hermano Ramiro, que marcó para siempre a María, se exilió en Nueva York, a finales de 1937
Ese mismo año, recibió la invitación para asistir a un congreso de historia en Buenos Aires. Mientras recibía noticias desfavorables sobre la guerra en España, Maeztu fue coleccionando éxitos con sus conferencias en la capital argentina.
Aunque tenía intención de volver a Nueva York, María decidió quedarse en Buenos Aires tras recibir una propuesta para fundar una residencia de estudiantes en la ciudad. El exilio en Argentina se alargó y Maeztu ejerció, durante años, su cátedra de Historia de la Educación en la Universidad de Buenos Aires.
Durante los años de exilio, Maeztu se dedicó también a escribir y publicar. Escribió sobre pedagogía y cultura, analizando el impacto de la religión y la moralidad en la educación. Además, durante sus últimos años, recopiló escritos políticos de su hermano Ramiro con intención de publicarlos, aunque nunca llego a hacerlo.
En 1944, María de Maeztu regresó a Estella (de dónde provenía su familia paterna) para juntarse con su familia. Volvió también a Madrid, donde reguló su situación administrativa y fue declarada depurada sin sanción. Durante el siguiente año, ejerció de profesora numeraria de Pedagogía en la Escuela Normal de Magisterio Primario de Ávila.
Aunque intentó recuperar la dirección de la Residencia de Señoritas, el franquismo no se lo permitió, ya que consideraba “dudoso” su pasado, a pesar del claro posicionamiento político de su hermano Ramiro y otros miembros de su familia.
Durante los siguientes cuatro años, María vivió y trabajó en Buenos Aires como docente y Agregada de Cultura en la Embajada de Buenos Aires.
María de Maeztu falleció el 7 de enero de 1948, a consecuencia de una embolia, en Mar del Plata. La noticia de su muerte fue ampliamente anunciada por la prensa argentina y cruzó, de inmediato, el océano Atlántico.
Los periódicos españoles Ya y ABC dedicaron a la pedagoga alavesa unas dedicadas esquelas, que incluían muchos de sus logros laborales. Durante la semana siguiente, en Madrid, se celebraron varios funerales en su honor. Su cadáver fue repatriado de Buenos Aires a Vitoria, para enterrarla en el panteón familiar de Estella.