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Dolores Ibárruri Gómez: Una infancia de escasez en la cuenca minera de Bizkaia

DOLORES IBÁRRURI GÓMEZ, CONOCIDA COMO LA PASIONARIA, FUE UNA DIRIGENTE Y ACTIVISTA COMUNISTA QUE DEDICÓ SU VIDA A LUCHAR POR LOS DERECHOS DE LA CLASE OBRERA. MARCADA POR UNA INFANCIA DE ESCASEZ EN LA CUENCA MINERA DE BIZKAIA, LLEGÓ A SER LA LÍDER DEL PARTIDO COMUNISTA ESPAÑOL EN EL EXILIO. SU INCONFUNDIBLE VOZ Y ORATORIA RETUMBAN TODAVÍA HOY EN LOS DISCURSOS DE QUIENES LUCHAN POR LA DIGNIDAD DEL PUEBLO.

María de los Dolores Ibárruri Gómez nació en Gallarta, el 9 de diciembre de 1895. Hija de Juliana Gómez, de ascendencia soriana, y Antonio Ibárruri, obrero expósito nacido en la anteiglesia de Ibárruri (ahora, Muxika), Do-lores Ibárruri se crio en un hogar minero, católico y de ideología carlista. La escasez económica de la familia y las humildes condiciones de vida de aquella casa de mineros provocaron problemas de salud en la pequeña Dolores. La fragilidad física de la niña hizo que la familia no la obligase a trabajar en sus primeros años, pudiendo estudiar hasta los quince.

Para ese momento, impulsada por la profesora que vio la capacidad in-audita de nuestra protagonista, Dolores ya se había preparado para ingresar en la Escuela Normal y poder cumplir su sueño: ser maestra. Aun-que ya se había preparado para la prueba de acceso, la familia, influida por los comentarios de sus vecinas y vecinos, decidió que Dolores no podía seguir estudiando, pensando que la hija de una casa minera nunca conseguiría ser maestra. En 1910 pasó a trabajar en un taller de costura.

Condicionada por las convicciones políticas de su padre y por el con-texto de necesidad que envolvía la zona minera de Bizkaia, Ibárruri comenzó a desarrollar una frustración que fue transformándose en conciencia política.

Así lo contaba ella misma en sus memorias (‘El único camino’, Dolores Ibárruri, 2016): “Como un peso amargo iba aposentándose en mi alma de adolescente un sentimiento de rabia desesperada, intuitiva contra todo y contra todos (en mi casa me consideraban indomable), sentimiento de rebeldía que más tarde se haría con-ciencia”.

Del taller de costura, Dolores pasó a servir en casa de unos comerciantes. En 1916, se casó con el minero socialista Julián Ruiz Gabiña. Ese mismo año, la pareja se mudó a Somorrostro y tuvieron a Ester, su primera hija. Recién mudada y estrenando maternidad, Ibárruri pudo mantener su afición lectora.

Dejando atrás las lecturas católicas de su hogar natal, Ibárruri comenzó a interesarse sobre el marxismo, influida por su marido, por aquel entonces militante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). En esta época, Dolores comenzó a escribir en la prensa obrera de Bizkaia, redactando textos combativos que denunciaban las condiciones infames en las que vivía la clase trabajadora y alejándose, poco a poco, de la doctrina católica. Firmaba sus aclamadas colaboraciones como ‘Pasionaria’, seudónimo que la acompañaría el resto de su vida.

En el contexto internacional de la Revolución rusa de 1917, el PSOE se dividió en dos: los que apoyaban y querían imitar a los bolcheviques y los que abogaban por no pasar a formar parte de la Internacional Comunista. Aunque Dolores y su marido Julián pertenecían al primero, los segundos acabaron decidiendo el futuro de su partido.

En reacción, algunos de los militantes socialistas fundaron el Partido Comunista Español (PCE). Dolores Ibárruri era una de las poccas mujeres en aquellas reuniones, y mientras seguía escribiendo en periódicos locales, ascendió pronto a puestos de responsabilidad del partido. Tanto es así que en 1923 fue elegida miembro de la dirección provincial del PCE de Bizkaia, la provincia que duran-te varios años tuvo el mayor número de afiliados

Ese mismo año, la dictadura de Miguel Primo de Rivera irrumpe en España y el comunismo pasa a ser perseguido. Mientras duró el golpe, la prensa obrera fue ilegalizada y gran parte de los y las militantes acabaron en la cárcel. Julián Ruiz, marido de La Pasionaria, fue uno de ellos.

Entre 1920 y 1929, Dolores Ibárruri dio a luz a un niño y cuatro niñas: Rubén, Amagoya, Azucena, Amaya y Eva. Tanto Ester (la primera, nacida en 1916) como Amagoya, Azucena y Eva fallecieron en la infancia, por problemas de salud agravados por las condiciones de pobreza en las que vivían. Así, Rubén y Amaya fueron los únicos que sobrevivieron hasta la adultez.

Una de las características más reconocibles de La Pasionaria era su ropa, siempre negra. La política vistió el luto por primera vez en su infancia, tras fallecer uno de sus hermanos, y fue encadenan-do lutos durante su adultez, convirtiendo en emblema su vestido negro.

A pesar de lidiar con la persecución política, los duelos por la muerte de sus hijas, la pobreza y la maternidad casi en solitario, Dolores Ibárruri fue escalando gracias a sus escritos políticos y propagandísticos, hasta que en 1930 la nombraron miembro del Comité Central del PCE, cargo muy poco común para una mujer de la época.

Coincidiendo con la llegada de la Segunda República, Dolores se separó de su marido y se trasladó a Madrid para trabajar como redactora de Mundo Obrero, diario oficial del partido comunista. Fue allí donde conoció a la periodista Irene Falcón, compañera de redacción que pasó a ser su mano derecha y un apoyo incondicional durante toda su vida.

En 1932, nuestra protagonista creó la Comisión Femenina del PCE, grupo formado con la intención de dar visibilidad a las mujeres dentro de la lucha obrera y del propio partido. En los siguientes cuatro años Ibárruri fue detenida tres veces, llegando a pasar nueve meses en prisión. Aunque por aquel entonces existían las cárceles de mujeres, como la de la calle Quiñones de Madrid o la de Larrinaga en Bilbao, era todavía muy poco común ver a una mujer encarcelada por motivos políticos.

Una vez puesta en libertad, Dolores Ibárruri se presentó como candidata de su partido en las elecciones a las Cortes de 1933, con poco éxito. Además, fue nombrada directora del Comité Español de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo.

En 1936, año en el que la coalición de partidos de izquierdas Fren-te Popular ganó las últimas elecciones de la Segunda República, La Pasionaria fue elegida diputada por Asturias en las listas de la coalición. Desde su escaño marcó la línea discursiva, vehemente y directa, con la que conquistaría a gran parte del mundo.

Ese mismo año, Ibárruri participó en la liberación de los presos políticos de la cárcel de Oviedo, exigiendo las llaves de las celdas. Así lo recordaba ella misma en el documental ‘La Vieja Memoria’ (Jaime Camino, 1977): “Ese es el momento, sinceramente, más emocionante de mi vida de combatiente, corriendo yo por los pasi-llos de la cárcel de Asturias, gritando: ¡Camaradas, todos a la calle! Con las llaves en la mano, abriendo las puertas para que todos los compañeros saliesen a la calle. Bueno, ¡me dieron cada achuchón, cada abrazo!”.

Convertida ya en la oradora más popular del panorama político, una vez estallada la Guerra Civil española, pasó a ser vicepre-sidenta de la Cortes en 1937. De esta época son algunas de sus frases más conocidas, como “Es mejor morir de pie que vivir de rodillas” o el famoso “¡No pasarán!”, lemas que, aunque no fuesen suyos, logró popularizar para marcar la historia de la resistencia republicana. Meses antes de la caída de la República, Dolores Ibárruri se exilió en Moscú junto a su hija Amaya y su hijo Rubén. Una vez instala-da, ayudó a coordinar el flujo de migrantes comunistas españoles en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Cuando los nazis llegaron a la Unión Soviética, su hijo Rubén se alistó en el Ejército Rojo y murió a los 22 años, en la conocida bata-lla de Stalingrado. Este acontecimiento supuso un mazazo para la dirigente política, que lo narró así en sus memorias: “Era el dolor, el más hondo de todos los dolores, el de una madre que pierde a su hijo. Y era mi único hijo varón. Ya solo me quedaba Amaya, de los seis que traje al mundo”.

Meses antes del final de la Segunda Guerra Mundial, Ibárruri se trasladó a Francia y fue nombrada secretaria general del PCE en 1942, cargo que le otorgaron por su gran labor en los años de re-sistencia y exilio en la Unión Soviética. En ese momento, pasó a la historia como la primera mujer que lideró un partido político en Es-paña. Desde la clandestinidad, dirigió los movimientos de su partido, que buscaba derrocar la dictadura de Francisco Franco. En 1948, año en el que llegó a reunirse con Stalin para pedirle consejo sobre la ofensiva al dictador, La Pasionaria tuvo que volver a Moscú para operarse de la vesícula. La operación se complicó y la larga recu-peración sentenció el fin de su liderazgo. Vicente Uribe fue nombrado director administrativo del PCE y pasó a tomar las decisiones estratégicas del partido, dejando a la secretaria general en un segundo plano.

Siguió al mando del PCE, mudándose por un tiempo a Bucarest para establecer la sede de “Radio España Independiente” (conocida tam-bién como La Pirenaica), emisora que sirvió de vía de comunicación entre los comunistas durante los años de guerra.En 1960, desconectada de la realidad de su partido, Dolores Ibárruri cedió el mando a Santiago Carrillo. Dos años después, publicó ‘El único camino’ el primer tomo de sus memorias, estudiadas todavía hoy en día y traducidas a muchos idiomas.Desde ese mismo momento, la política exiliada luchó por volver a España, pero no lo consiguió hasta diecisiete años después.

Durante aquel periodo, Ibárruri siguió escribiendo y proclamando, con los escasos medios que tenía, la ideología de su partido. Los últimos años de exilio fueron especialmente duros para ella, según relató su nieta Lola Ruiz-Ibárruri Sergueyeva en una de las presentaciones del libro ‘¡No pasarán!’ (Mario Amorós Quiles, 2021): “Fueron unos momentos muy difíciles. Cuando murió Fran-co el 20 de noviembre de 1975, la abuela iba a cumplir 80 años tres semanas después. El hecho suponía el fin del exilio y que re-gresábamos, pero pasaban los meses y no le daban el pasaporte. España seguía cerrada para ella y fue un momento de gran tristeza y desesperación”.

La Pasionaria consiguió volver a Madrid en mayo de 1977, tras casi cuarenta años de exilio, a la edad de 81 años. Ya anciana, fue recibi-da con honores por sus camaradas comunistas y volvió a ser elegi-da diputada por Asturias en las primeras elecciones democráticas. Aunque siguió en las filas del PCE hasta el final de su vida, sus apa-riciones públicas fueron disminuyendo y pasó a obtener un lugar simbólico en la escena política.

Dolores Ibárruri murió en Madrid, el 12 de noviembre de 1989, a los 94 años. Además del funeral masivo celebrado en la capital, varias ciudades de España rindieron homenaje a la política días después de su fallecimiento.

Dolores Ibárruri fue una dirigente comprometida con la clase obrera que abogó siempre por la acción directa. Y así pasó a los libros de historia. En junio de 2005, el PCE otorgó a Ibárruri el título de presidenta de honor a perpetuidad. Desde su muerte, muchas localidades han rendido homenaje a La Pasionaria, con eventos conmemorativos, estatuas y calles con su nombre.