PEPA FERREIRO
Eder Portolés es compositora y vocalista y acaba de publicar Emotion, un EP que se mueve entre el jazz, el soul, el funk y el pop. Su trabajo musical convive con otras facetas profesionales, como la terapia y el acompañamiento vocal. Hablamos con ella de lo que cuesta sacar adelante un proyecto propio: préstamos familiares, ahorros, cuidados, trabajo no remunerado, músicos a los que pagar, autoedición, subvenciones y miles de euros invertidos antes de saber si algún día volverán.
¿Qué condiciones se dieron para que pudieras publicar Emotion ahora?
La primera condición es que sueñes. Yo llevaba años trabajando en proyectos de visibilización de mujeres, haciendo canciones de mujeres o canciones con una mirada feminista, y un poco sobre la marcha me di cuenta de que la que no se estaba visibilizando era yo. Siempre había hecho mis canciones para mí, para casa. La música para mí ha sido siempre algo muy íntimo, hasta que empezó a dejar de serlo y decidí compartirla.
¿Y económicamente? ¿En qué momento estabas para poder sacar el disco?
El mundo de la música es precario. Vas haciendo al ritmo que puedes. Si alguien te puede hacer un préstamo, tiras de eso. A veces el banco no, pero la familia sí. Mi madre es la tesorera familiar y es la que da préstamos sin intereses. Luego también tiras de algún ahorro y vas haciendo según puedes: ahora puedo sacar una canción, ahora puedo hacer un videoclip, ahora no. Te vas dando cuenta de que es bastante más dinero de lo que imaginabas.
¿Cómo organizas el tiempo entre creación artística, trabajo, terapia y supervivencia económica?
Muy mal. Hago muchas cosas todos los días, todo el rato. Este último año ha sido muy intenso. Te vas a la cama con veinte mil cosas sin cerrar, pero necesitas dormir porque al día siguiente tienes que trabajar.
La gente ve que has sacado un disco, pero no ve todas las horas que hay detrás. Son horas de trabajo no remuneradas y también son horas que no estás dedicando, por ejemplo, a una hija de nueve años. Tienes que compaginar eso con los cuidados y con todas las demás cosas que supone estar en la vida.
Cuando haces una canción, ¿piensas en algún momento en lo económico?
No. Cuando hago una canción no pienso económicamente. Es un impulso, una necesidad de expresar. Luego, cuando eso empieza a tomar forma de proyecto, ya llegan el sonido, los arreglos, la producción y todo lo demás. Pero la canción nace antes de todo eso.
¿Has dejado alguna canción fuera porque se saliera del presupuesto?
Más bien me ha pasado lo contrario: después pensé que podía haber grabado alguna más. El estudio lo pagas por día o por horas. Teníamos reservado todo el fin de semana y el sábado conseguimos grabar prácticamente todo. Hicimos tres tomas de cada tema en directo y todo el mundo se quedó satisfecho. Después piensas: igual podía haber aprovechado y grabado alguna canción más.
¿Qué parte del proceso es la más costosa económica y emocionalmente?
Todo lo que viene después. Las relaciones con la fábrica, con la discográfica, hacer que el proyecto se convierta en algo material, la promoción… Para mí eso es lo más costoso, tanto emocional como económicamente. Hacer canciones es al revés: me quita peso, me remunera emocionalmente. Lo que me desgasta es todo el proceso de comercialización posterior.
Cuando trabajas con músicos, ¿qué condiciones pones?
Quiero que todo el mundo esté a gusto y que considere que lo que está haciendo está bien remunerado. Mis músicos cobran porque es un trabajo. Yo voy con las condiciones por delante. Eso de «lo hago porque me gusta el proyecto» puede estar bien hasta cierto punto, pero si alguien hace un trabajo tiene que cobrar. Yo pido facturas.
¿Te sientes sola liderando un proyecto aunque tengas una banda alrededor?
Sí. Te sientes muy sola. La banda es un apoyo, pero cuando alguien está muy implicado y de repente lo deja porque tiene otros proyectos o porque le sale una gira mundial, te llevas un disgusto. Esa persona ya forma parte de la familia. Pero también sabes que esto funciona así y tienes que aceptar que otra persona puede encajar, no solo musicalmente sino de una manera más global.
¿Cuánto dinero te ha costado publicar Emotion?
Mucho, mucho más de lo que esperaba. Si quieres una cifra, te la doy: tengo todavía 11.000 euros de préstamo sin pagar. Y me he gastado más, porque muchas cosas las he ido pagando sobre la marcha. Hay facturas que puedes asumir y otras más grandes para las que necesitas pedir ayuda.
¿Qué cambiarías si tuvieras más presupuesto?
Los videoclips. Estaríais flipando con los videoclips que haría. Un videoclip realmente potente puede costar 15.000 euros. Me han llegado a decir que por debajo de 8.000 no me planteara determinado tipo de producción. Evidentemente puedes hacer cosas por 2.000 o 3.000, sobre todo si conoces a alguien, pero al final volvemos a lo mismo: a mí me gusta que me paguen por mi trabajo y también me gusta pagar el trabajo de los demás.
Eso implica priorizar a quienes trabajan contigo aunque tú no tengas dinero.
Sí. Para mí, primero, mis músicos tienen que estar remunerados. Creo que es básico para que esto se profesionalice.
¿Cómo se financia un EP como este en 2025?
Autofinanciación, ahorros, préstamos, pluriempleo… Todo. He pedido ayudas y no han llegado.
Hay subvenciones a las que para presentarte te piden tener ya dos discos o una gira nacional. Y piensas: ¿y quienes estamos empezando qué hacemos? ¿De dónde sacamos el dinero? No hay muchas opciones.
¿Crees que las ayudas públicas están mirando la realidad de la música actual?
No suficientemente. Habría que ampliar mucho el espectro. Hay muchos mercados dentro de la música, no solo quienes llenan el BEC o tocan en los grandes festivales. Todos merecen su espacio.
Tu disco está vinculado a Errabal Jazz. ¿Hasta qué punto sigue siendo un proyecto autoeditado?
Ellos hacen parte de la promoción y ayudan con la distribución. El disco estará en tiendas físicas y para mí es muy importante contar con un sello así. Pero hoy ya no funciona como antes, cuando una discográfica pagaba la fabricación y se encargaba de todo. En la práctica sigue siendo casi una autoedición porque muchas cosas —el diseño, la producción, la coordinación— las vas haciendo tú.
¿Qué parte de tu trabajo sigue siendo invisible y no remunerada?
Todas las horas de teléfono, de mails y de supervisión. Quizá algunas de esas tareas las podría hacer una agencia de management, pero al final es tu proyecto y es tu imagen, así que siempre tienes que estar encima.
He conseguido construir un equipo en el que confío, con personas que trabajan el diseño, las redes, la web, la producción ejecutiva y, por supuesto, todos los músicos. Me gusta mucho trabajar en equipo, pero sigue siendo una carrera bastante solitaria.
¿Has sentido que, por ser mujer, se cuestionaban más tus decisiones?
Sí. Creo que por ser mujer te infantilizan, deciden por ti y te desinforman.
Me ha pasado conseguir en dos horas algo que supuestamente era muy difícil y que después otra persona decidiera por mí porque me había visto «dubitativa». Y piensas: si he conseguido solucionar esto, ¿cómo puedes decidir tú por mí?
También me ha pasado que en un festival me llamen a mí y después me digan: «Ya hablaré con el pianista, que le conozco». No. Con quien tienes que hablar es conmigo.
¿Eso ha cambiado tu forma de trabajar?
Sí. En otro proyecto quizá no estaría tan abierta a todas las opiniones por pensar que los demás son más expertos. Hay que mantener la humildad, claro, pero también ser más determinada. Incluso cuando lo he sido, muchas veces tampoco se me ha tomado en serio. Y creo que tiene muchísimo que ver con el género.
Como mujer que lidera un proyecto, ¿también acabas asumiendo tareas de cuidados y gestión que no se ven?
Sí. Es un coste emocional y económico. A veces te atribuyen responsabilidades que ni siquiera son tuyas y acabas gastando mucha energía en gestionarlo todo. Si tienes programado que el disco y el vinilo salgan a la vez y algo falla, aunque no sea responsabilidad tuya, el impacto lo asumes tú. Todo eso también forma parte del coste del proyecto.
¿Cuánto cuesta fabricar una tirada de vinilos?
Yo no voy a hacer 500 porque prefiero comer estas Navidades que comerme los discos. Voy a hacer 200 y son algo más de 2.000 euros, cerca de 2.300.